Aquella simple risa que parecía de piedra
se apagó con la sombra que olía a lluvia transparente,
aquellas noches cerradas, hermosas como el nido de palabras,
que me enseñaron el abecedario de la vida ausente.
Aquella mano asida al recuerdo de un mundo de letanías,
tan difícil de mirar aunque tan fácil de verlo,
aquel sonido de guerra que hacía sorda toda herida
reflejada en el espejo sucio del desprecio.
Aquel tiempo ciego y con ganas de morirse,
maniatado por un adjetivo que alguien dejó mal puesto,
aquella frase, aparcada en la acera, de un ruego sin decirse
camino a un abismo interminable y ya sin cuerpo.
Aquel poco de tu nombre roto por las paredes
oscuras como la victoria que no se merece,
aquel contigo, aquel sin ti, sin todo, sin nadie,
aquel ser ya nada de lo que parece.
Aquella palabra mojada con la última derrota
vagabunda, sin pan ni cebolla, ni agua, ni chocolate,
aquella fe marchita, impotente y rota,
aquel prodigio ronco y sin luz que ya no late.
Ya no recuerdo cuantas cosas he olvidado.
lunes 18 de abril de 2011
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7 comentarios:
Qué belleza de poesía Enrique.
Comentarla sería estropearla.
Me gustó esa sombra que olía a lluvia y ese tiempo maniatado por un adjetivo... preciosas metáforas de lo que se llevó el olvido.
Me voy con la miel de tus versos y la letanía que en escorzos pincela tu olvido .
Besos y abrazos.
esto de no acordarse cuantas cosas hemos olvidado muchas veces creo q es para bien, uno lo hace como mecanismo de defensa, como siempre Enrique tu poesia es bellabella, besitos buena semana
Bellos versos de olvido... Abrazos
No creo que hayas olvidado nada...lamentablemente.
Besos y mi agradecimiento por tu visita y comentario en mi lugar.
Buena semana!
Y me llegan versos del sur,
versos, para no olvidar.
Enrique:
Feliz Semana Santa
Un abrazo
Un precioso poema con un poso de tristeza, es triste no poder recordar y a veces doloroso hacerlo.
Un abrazo, Enrique.
Mi humilde opinión...y a veces es mejor.
Mis besos para ti.
mar
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