Antes de que te diga lo que no quiero decirte sería justo que supieses que ya no soy la risa adecuada ni el amor más recomendable. Qué siendo sólo un joven en mi pelo viven ya restos de nieve y en mi mano temblores de senectud. Que no podría besarte porque te cortaría los labios, que no podría abrazarte porque te arañaría, que no podría amarte porque aún me queda memoria.
Y si consiguiese hacerlo, yo sólo podría darte un puñado de besos robados y la ruina de mi alma cadavérica.
Llevo media vida mendigando cariño y empiezo a cansarme de pisar sobre las sombras que se derriten en las mismas huellas del tiempo. Sé que todo lo vivido terminará haciéndose pedazos en el instante en que la última voluntad sea lo único que quede.
Ya no tengo sangre en los ojos, pero me sangran, no tengo cartas para la partida y, cada vez, menos ganas de mirar al sol.
Llenaría tu vida de abrazos innecesarios, naufragaría a la orilla de tus ojos y por los rincones de tu mente. Es justo que sepas que tengo el corazón negro de tanto respirar el aire de tantos amores fracasados.
Llevo ya algunos meses viéndote iluminar con tus ojos las páginas grises de mi vida. Llevo desde entonces amando en silencio, últimamente la única forma que tengo yo de amar.
A veces veo que sonríes y me atrevo a pensar que me sonríes a mí, a veces suspiras y hasta me atrevo a creer que suspiras por mí, a veces lloras y es la única vez que estoy seguro que no lo haces por mí.
Ahora que ya sabes mi silencio, es igualmente necesario poner a tus pies mil preguntas que no quieren respuestas. Y necesito saber que me ha llevado a esta situación que para mí, acostumbrado a negaciones y fracasos, no deja de ser embarazosa.
Fue el día, tal vez, que empecé a mirar por tus ojos y pude ver el mar que nos sumerge, las tripas de la ciudad, el camino recorrido y la senda por donde voy. Y aprendí a sentir lo desapercibido y perdí el norte al sur de tu cintura.
Fue el día que empecé a tocar con mis manos el aire que me envenena.
Quizás por eso pueda volver la vista atrás, embriagarme de terciopelo y no arruinarte la vida.
Fue el día que aprendí a llorar con tus lágrimas las penas de otros y contemplé como la tristeza se colaba sin permiso en otras soledades, en otros desiertos.
Quizás por eso veo amanecer más temprano, me contagian la risa, la vida es distinta… y aunque no sé si debo, si puedo, si sé y si quiero quererte, simplemente me estoy limitando a hacerlo.
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17 comentarios:
Cuando llega a tocar el aire q envenena...chauu...la pasion se ha desatado nada la va a detener ni postergar, solo ella decide...preciosidad Enrique, una vez mas bellobello, besitos
me vi reflejada en varias de tus palabras
Es maravilloso dejarse llevar por los sentimientos, aunque se hagan tímidamente, como lo haces tu.
Abrazos
Fue el día que me dijo muy tranquilo...DESPERTE! mientras yo sentí que me moría.
Pobre de ellos...
Besos y una vez más mis felicitaciones.
me fascinó!! resalto algo que me quedó grabado:
"Llevo ya algunos meses viéndote iluminar con tus ojos las páginas grises de mi vida."
"Quizás por eso pueda volver la vista atrás, embriagarme de terciopelo y no arruinarte la vida."
así es el amor!! el amor se da, simplemente
Gracias por compartir tanto arte
Un beso!!
Enrique, has dejado pasear tu pluma
por el papel del recuerdo, en esta carta imposible, pero preciosa de leer.
Un abrazo
Esa carta es una de las más bellas declaraciones improbables de amor que he leído ;-)
Besos. Enrique.
Me ha parecido una maravillosa carta, sinceramente, me ha llegado muy dentro. Una carta así no puede caer en saco roto, debe ser una carta posible y probable para amores felices.
Preciosa tu forma de escribir.
Un beso, Enrique.
Me gustan las cosas improbables,
siempre vale la pena apostar al azar.
Un abrazo Enrique.
Que hermosos y profundos sentimientos que embriagan a quien los lee. Es una pena que no lleguen a feliz puerto. De tan hermoso duele que te iluminen la vida y a la vez te dejen ciego.
Me encanta Enrique.
Te dejo un cariñoso saludo.
... impresionante...
como siempre que me paseo por aquí...
Besos
Es tristisimo....
Hace poco que te encontré pero cada vez que entro y leo tus poemas más me gustan y más me llegan.
Cuando me identifico con uno de ellos, es como si me sintiera menos sola, como formando parte de algo invisible, que ata cabos con sentimientos compartidos.
Gracias de corazón.
Este fue de los primeros poemas que leí tuyos, sino el primero, y sigue pareciedome maravilloso.
Besos
La piel de gallina. Tus palabras me dejan sin ellas.
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